The health of growing / La salud en cultivar

It is well known that being in contact with nature is beneficial, that it is relaxing and comforting. Being able to see a growing tree from your window brings peace to your mind and regenerates your physical and mental health. That is true to the extent that studies have demonstrated that having access to green spaces in a hospital makes patients recover faster, that it relieves stress and anxiety, and also gives a sense of purpose. Having the possibility to take a walk in park activates the body as well as the mind, and of course the mere physical activity is good for you, but is has also been shown that being in contact with growing plants creates a higher energy level and also improves memory and learning.

When monks and nuns took to remote places to found new monasteries in the middle ages, growing their own food and being as self-sufficient as possible wasn’t only a vital necessity. It was a form of cultivating ones spirit while tending to the land. It was almost a sin not to bring forth the hidden fruits of the fertility of the earth. The practice of growing something yourself also cultivates your character, teaches you to be patient, thankful and humble. it also gives a strong sense of responsibility. The term “humility” derives from the Latin word humilitas, a noun related to the adjective humilis, which may be translated as “humble”, but also as “grounded”, or “from the earth”, since it derives from humus (earth).

There are so many people nowadays running about in denaturalised spaces, office towers, housing blocks, shopping malls and on motorways. Hard urban environments deprived of any meaningful contact with nature, where natural components, if they even exist and at the best, are transformed into cute backdrops, scenarios to be looked upon and dominated but not to be interacted with. That is in part why many city people sense the strong need to take to the nature on weekends or holidays, to go up into the mountains, out into the woods or down to the sea and get in touch with nature, perhaps walking barefoot to be grounded again.

To grow your own food is a great way to give you a feeling of being useful and productive. Is also gives you a direct access to fresh nutrients like vitamins, minerals and antioxidants. Contact with the soil can also act as antidepressant, as some bacteria present in the soil can promote the production of serotonin, changing your mood for a more positive one. Working together with your family members, other individuals and in small groups, is also a way of feeling more connected and less alone. Growing plants transforms space, creates a healthy social and learning environment and improves the bond with nature.

Es bien sabido que estar en contacto con la naturaleza es beneficioso, que es relajante y reconfortante. Poder ver un árbol en crecimiento desde la ventana trae paz a la mente y regenera la salud física y mental. Esto es tan cierto hasta que algunos estudios han demostrado que tener acceso a espacios verdes en un hospital hace que los pacientes se recuperen más rápido, que alivie el estrés y la ansiedad, y que también proporcione un sentido de propósito. Tener la posibilidad de pasear por un parque activa el cuerpo y la mente, y por supuesto, la mera actividad física es buena, pero también se ha demostrado que estar en contacto con las plantas en crecimiento crea un nivel de energía más alto y también mejora la memoria y el aprendizaje.

Cuando monjes y monjas se trasladaron a lugares remotos para fundar nuevos monasterios en la Edad Media, cultivar sus propios alimentos y ser lo más autosuficientes posible no era solo una necesidad vital. Era una forma de cultivar el espíritu mientras se cuidaba la tierra. Era casi un pecado no dar a nacer los frutos ocultos de la fertilidad de la tierra. La práctica de cultivar algo también cultiva tu carácter, te enseña a ser paciente, agradecido y humilde. También te da un fuerte sentido de responsabilidad. El término “humildad” deriva de la palabra latina humilitas, un sustantivo relacionado con el adjetivo humilis, que puede traducirse como “humilde”, pero también como “conectado a tierra”, o “de la tierra”, ya que deriva del humus (tierra).

Hoy en día, hay tanta gente corriendo en espacios desnaturalizados, torres de oficinas, bloques de viviendas, centros comerciales y autopistas. Ambientes urbanos muy duros privados de cualquier contacto significativo con la naturaleza, donde los componentes naturales, si es que existen y en el mejor de los casos, se han transformado en telones de fondo bonitos, escenarios para ser vistos y dominados pero no para interactuar. Eso es en parte por qué mucha gente de la ciudad siente la fuerte necesidad de buscar a la naturaleza en los fines de semana o las vacaciones, subir a las montañas, entrar en el bosque o bajar al mar y ponerse en contacto con la naturaleza, tal vez caminando descalzo para tomar tierra otra vez.

Cultivar tu propia comida es una excelente manera de darte la sensación de ser útil y productivo. También te brinda acceso directo a nutrientes frescos como vitaminas, minerales y antioxidantes. El contacto con el suelo puede además actuar como antidepresivo, ya que algunas bacterias presentes en el suelo pueden promover la producción de serotonina, cambiando su estado de ánimo por otro más positivo. Trabajar junto con los miembros de la familia, otras personas y en grupos pequeños, también es una forma de sentirse más conectado y menos solo. Cultivar plantas transforma el espacio, crea un ambiente social y de aprendizaje saludable y mejora el vínculo con la naturaleza.

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