The urban perspective on rural areas / La mirada urbana sobre lo rural

The urban areas represent to many people that vision of sophisticated modernity and a linear flow of time, where apparently unlimited quantities of consumer goods and energy enter on one side and the waste mysteriously leave and disappear on the other. The development of a society is understood as the continuous growth of urban areas, which are projected towards a technologically advanced and highly prosperous future.

In rural areas, however, it is more logical to have a circular view of time; is where the seasons and cycles of cultivation become more evident. The traditional, cultural and historical dominates. It is clearer here than elsewhere that what we can not produce ourselves, we must bring from outside, and that waste and what is left over, better to give it a new use nearby, not to have to carry it away.

In this sense, rural areas seem to be the most prepared to face an uncertain future, which is more likely to come with a shortage of energy and resources, and it will be more feasible for these areas to become self-sufficient because they have enough space to capture water and produce their own energy and nutrients, if we give provide the necessary technical solutions.

From the urban point of view we often contemplate the rural with that academic and somewhat romantic look as something primitive that must be protected from the inevitable depopulation and abandonment, since progress (which is contrary to the traditional) will take place somewhere else – and urban. We think of protecting some “forests” as if they were originating from native species, what really are abandoned farms poor in biodiversity and we only cause more abandonment by not providing the rural areas with the tools to stay alive and become more self-sufficient.

Then we have the bordering areas, where the land considered suitable for urban development meets land that is not considered so. Many times a simple line on a paper of urban planning gives way to an overexploitation to one side and a protection to the other side. On both sides this usually means a loss of cultural values. On the urban side the existing cultural elements are lost because it has no place within the projected urban grid, and in the rural side they are lost because the forms are not provided to keep them active. In the countryside, there is a preference for farms with an industrial scale and methods that are often strongly linked to the agro-chemical industry and have more in common with industrial zones that usually don’t have a vision for balance of the ecological and social aspects together with the economic and to provide a long-term rooting in the rural context.

Today there are again talks about “finger plan cities” (https://en.wikipedia.org/wiki/Finger_Plan), where the dense urban areas grow around urban transit corridors and rural and agricultural activities can enter the urban fabric. Not much of this have yet been put into practice, since the urbanism continues to be projected as always, repetitive, monotonous and poor in diversity. Hopefully we will have more orchards and crops in urban areas, along with less food and energy dependency, while small “micro-urban” elements in rural areas can help to preserve these areas active for the future.

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Lo urbano representa para mucha gente esa visión de la modernidad sofisticada y de un flujo lineal del tiempo, donde aparentemente entran ilimitadas cantidades de bienes de consumo y energía por un lado y los residuos salen y desaparecen misteriosamente por el otro. El desarrollo de la sociedad se entiende como el crecimiento continuo de las zonas urbanas, que se proyectan hacia un futuro tecnológicamente muy avanzado y de gran prosperidad.

En zonas rurales, sin embargo, es más lógico tener una visión circular del tiempo; es donde las estaciones, temporadas y ciclos de cultivo se hacen más evidentes. Domina lo tradicional, cultural y histórico. Queda más claro aquí en otros sitios que lo que no podemos producir nosotros mismos, hay que traerlo desde fuera, y que los residuos y lo que nos sobra, mejor darles un nuevo uso cercano, para no tener que cargar con ellos.

En este sentido parece ser justo las zonas rurales las que están más preparados para afrontar a un futuro incierto que más previsiblemente llegará con escasez de energía y recursos, y será más factible que podrán ser autosuficientes, ya que disponen del espacio suficiente para captar agua y producir su propia energía y nutrientes, si lo dotamos de las soluciones técnicas para serlo.

Desde lo urbano solemos muchas veces contemplar lo rural con esa mirada académica y algo romántica como algo primitivo que hay que proteger del inevitable despoblamiento y abandono, ya que el progreso (que es contrario a lo tradicional) tendrá lugar en algún otro sitio – y urbano. Pensamos en proteger como si fueran bosques originarios de especies autóctonos lo que realmente son cultivos abandonados pobres en biodiversidad y solo provocamos más abandono al no dotar las zonas rurales con las herramientas para seguir vivos y más autosuficientes.

Luego tenemos las zonas limítrofes, donde lindan los terrenos urbanizables, con los terrenos que no son urbanizables. Muchas veces una simple línea sobre el papel del planeamiento urbanístico supone una sobre-explotación a un lado y una protección al otro lado. En ambos lados suele suponer una perdida de valores culturales. En el lado urbano los elementos culturales existentes se pierden porque no tiene cabida en la trama urbana proyectado, y en lado rural se pierden porque no se da las formas para mantenerlos en activo. En zonas rurales tiene preferencia las explotaciones agrícolas con escala y métodos industriales que muchas veces están fuertemente vinculados a la industria agro-química y que tiene más que ver las islas de polígonos industriales y no suelen tener la visión de equilibrar lo ecológico y social junto con lo económico y fomentar un arraigo rural a largo plazo.

Hoy en día se esta volviendo a hablar de “ciudades dedo” (https://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_de_los_Dedos), donde el crecimiento urbano sigue las lineas de transporte público y las actividades rurales y agrícolas pueden entrar en la trama urbana. Todavía no se ve mucho de ello puesto a la práctica, ya que el urbanismo se sigue proyectando como siempre, repetitivo, monótono y pobre en diversidad. Ojalá tendremos más huertos y cultivos en las zonas urbanas, junto con menos dependencia alimenticia y energética, a la vez que pequeños elementos “micro-urbanos” en las zonas rurales podrían ayudar a preservar estas zonas en activo para el futuro.

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